VOLVEG A EMPEZAG

La última campaña de la World Wildlife Fundation en Inglaterra (la del panda convertido en un logo), la ha vuelto a liar como la lió la penúltima que hizo sobre el Tsunami de 2005.

Una semana escasa después de ser emitida ya ha sido retirada de la BBC. El tema de la campaña es el cambio climático, el aumento de la cantidad de CO2 en la atmósfera y el incumplimiento de los acuerdos de las sucesivas cumbres sobre el tema. Pero ése no es el motivo de la campaña. Cargarse el planeta no le escandaliza a nadie. Lo que escandaliza es que para llamar la atención sobre este tema los diferentes spots muestren a personas e incluso niños volando literalmente por los aires soltando jirones de carne, chorretones de sangre y convirtiéndose en guiñapos pulposos en el hall de una casa o en el aula de una escuela. Aunque la descripción suene bizarra lo cierto es que los diferentes spots tienen una gran carga de humor negro muy británico. Pero de poco les ha valido.

Después de ver la campaña del Tsunami de 2005 y esta última uno empieza a pensar dos cosas:  1 que WWF diseña sus campañas teniendo en cuenta que se las retiren y crear pubicity en los medios y miles de descargas en Youtube, Vímeo y similares ahorrándose una pasta en medios y 2 que ya empezamos por enésima vez con el debate de los límites de la publicidad, la necesidad de regular la creatividad y el sursum corda. Un debate éste que se ha ido repitiendo hasta crear una Ley General de lo más completo en cuanto a control del mensaje publicitario y la comunicación, varios observatorios de la publicidad e incluso la implantación y uso, on a regular basis, de Autocontrol. Y aún y así, el debate vuelve y vuelve y vuelve otra vez como los peces beben en el río por Navidad. No es que esté en contra de una regulación del mensaje y de no permitir la difusión de imágenes o mensajes ofensivos. No es que niegue que la publicidad tiene un papel importante en cuanto a la difusión de valores sociales, éticos y, porque no morales. Al contrario, la publicidad como persuasora tiene un elevado ascendente en la perpetuidad o no de ciertos valores sociales y hay que cuidar qué decimos y cómo. Lo que realmente empieza a ser cansino es que parece que sea nuestra profesión la única que no es consciente de ello y seamos los perversos manipuladores capaces de cualquier cosa menos de  aportarlo todo y más para construir una sociedad mejor. Y olvidando que la publicidad es comunicación comercial y que se debe a unos resultados establecidos como objetivo en un plan de marketing del que la publicidad y la comunicación son una parte importante. Es decir, que en muchos casos los clientes que invierten en publicidad, los anunciantes, no invierten para perder, y sí para ganar. Y si la innovación y el estar en la cresta de la ola no forma parte de su estilo sencillamente, no arriesgarán ni imagen, ni cuota de mercado, ni marca por nada. ¿Significa eso que no debamos cuidar qué decimos y cómo lo decimos? No, ni mucho menos. Significa que no somos los únicos que estamos en esto de la comunicación. Nos acompañan las televisiones, las radios, los periódicos, las revistas, Internet (que es el medio de todos los medios) y el cine. Que además cuentan con cuotas de credibilidad más elevadas que la publicidad. Si hay que usar el poder de persuasión de la publicidad para convertir en normales y aceptado valores hasta ahora dejados de lado, de acuerdo, pero todos a la vez.

Y para que quede constancia de todo ello, aquí os dejo con la retransmisión el debate al que fui invitado en Canal 9 (la televisión autonómica valenciana) el pasado 13 de octubre. Un debate donde en castellano y valenciano, Isabel de salas de Autocontrol, Pepe Crespo de la agencia Crespo y Gomar, Angeles Cuenca, abogada especialista en comunicación y yo mismo pusimos sobre el tapete ésta y otras cuestiones sobre los límites de la publicidad. Que sencillamente a veces parecen estar en los límites de la realidad.


Eduard Farran en programa Canal 9The best home videos are here

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