Twitter, boxeo y comunicación: Flota como una mariposa twitea como una abeja.

A estas alturas, descubrir la fuerza del storytelling como herramienta de comunicación masiva es un poco obvio.  Contado a grosso modo, las historias mueven emociones, impulsan la empatía y generan experiencias mentales como si fueran reales. Esto último, en gran medida gracias a las neuronas espejo descubiertas por el equipo de Giacomo Rizzolatti en 1996. Y todo eso, alimenta la capacidad de recuerdo, ya que pocas cosas son tan potentes como los recuerdos asociados a una emoción o a un sentimiento. Una historia, por simple que sea, es imparable a la hora comunicar. Y por eso son también imbatibles a la hora de transmitir conocimiento. Como la historia del boxeador Curtis Woddhouse. Un auténtico ejemplo de storytelling real para explicar de qué le sirve twitter a una empresa. A primera vista, el nombre de Curtis Woodhouse puede no decir nada pero a poco que a uno le guste el boxeo sabrá que era un jugador de fútbol profesional que dejó el balón para calzarse los guantes y llegar a ser campeón de Inglaterra del peso Súperwelter. Título que hace poco perdió a los puntos ante Shane Singleton. Aunque esto no es lo relevante del caso. Lo realmente sabroso  -según puede leerse en el periódico El mundo (el del 13/03/2013) o el The Guardian (un día antes)-  es cómo al perder a los puntos en el campeonato, le ganó por K.O a uno de sus followers de Twitter. Uno que le salió un pelín troll. Aunque esta vez, el K.O tuvo mucho de historia, de tensión, de intriga  y nada de sangre. La cosa fue como sigue: Woodhouse pierde a los puntos y, al poco, recibe un tuit de un tal @jimmyob88 diciéndole más o menos que era una desgracia de boxeador. Woodhouse, se enciende y blandiendo su smartphone al más puro estilo de mandoble del siglo XXI no sólo le devuelve el tuit si no que le asegura a su troll que va  a por él a explicarle cuatro verdades. Salta dentro de su coche y tuit a tuit y pidiendo la ayuda de sus otros numerosos followers (crowdsourcing en estado puro), va acortando los 50 minutos de distancia entre ambos personajes. Por el camino se van sumando followers a la persecución online, hasta llegar a 9.000, la mayoría nuevos. El boxeador tuitea que ha descubierto la localidad donde vive el troll gracias a la colaboración de sus follower y tuitea -entre exabruptos-,  los pueblos por los que pasa, la distancia que le queda para llegar, las calles por donde cruza hasta que, finalmente, cuelga una foto con la placa de la calle donde vivía el tuitero. A todo esto, su cuenta es un hervidero de seguidores y amigos deseando y clamando venganza. Algunos de los cuales eran jugadores de fútbol profesionales amigos del boxeador. La tensión subió al máximo y cuando, por fin, Woodhouse parecía tener el número de puerta y el piso del troll éste pidió perdón y dijo que se le había ido el tema de las manos. El boxeador aceptó las disculpas y se retiró entre alborozados tuits llenos de felicitaciones. Woodhouse pasó de tener problemas de reputación a volver a estar entre los boxeadores favoritos (léase marcas) siendo, a través de la red social, ni más ni menos que como era: transparente, sincero y natural. Terco y expeditivo. Lo que sus fans querían de él. A la vez, dejó que sus fans participaran de su trabajo de marca, les pidió ayuda y les sirvió una experiencia real a tiempo real. Les dejó formar parte de él. Y eso le hizo sumar más seguidores que no le conocían o hasta ese momento no habían encontrado una razón para preferirle. Sin saberlo, Woodhouse nos sirvió un auténtico case study de cómo sacarle provecho a Twitter si eres una empresa y, de una manera más general, nos proporcionó una visión de por dónde está yendo la comunicación en redes sociales actualmente para construir marcas.

Imagen principal: http://www.fightlikeagirlclub.com

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