Meetic, Habbo y los GRP estilo Walking Dead..

Estarse un mesecito más o menos sin escribir en el blog te da, entre otras cosas, un margen para observar, pensar y sorprenderte para cuando se te ocurra hacerlo. Tres grandes acciones, sin duda. Sobre todo la última: sorprenderse. Imprescindible y difícil en los tiempos donde-todo-es-posible en que vivimos.

Y sorprenderme es lo que hice cuando viendo la TV (ese aparato en vías de extinción que no acaba de extinguirse) me topé con dos spots (esos formatos publicitarios en vías de extinción que tampoco acaban de extinguirse) aparentemente inofensivos.

Un spot de Habbo Hotel (el ejemplo es de Italia, el de aquí no lo encontré) y otro de Meetic. Dos spots, decía, de dos marcas únicas. De dos negocios típicos de caso de estudio. Y no me extraña. Son dos ejemplos de empresa, marca y producto nacidos en, por y para Internet. El paradigma del ON. Mientras todos mirábamos con escepticismo la red allá por el final de los noventa, ellas nacían (Habbo sobre todo), crecían y se desarrollaban entre los vericuetos del ADSL. Los Gurús lo tuvieron claro: Eran el éxito del futuro digital que se avecinaba. Funcionaban, eran medibles, no necesitaban la publicidad tradicional y no sé cuántas cosas más. No necesitaban GRPS porque los GRPS estaban muertos. Y eso es lo que me sorprendió precisamente. Ver a dos marcas tan ON en brazos de los supuestamente finados GRPS.

En principio pensé que el éxito de The Walking Dead había traspasado formatos, pero no. Parece que la cosa es más simple. Tanto una, como la otra han encontrado su techo de clientela y necesitan o quieren ampliarla. ¿Y cómo lo hacen? A golpe de GRP. Curioso. ¿Publicidad en medio masivo intrusivo algo tan digital, tan experiencial? Paradójico cuanto menos. Quizás es que las cosas no son tan de allí ni tan de aquí como nos pintan. Quizás es que, como dice Solana en su imprescindible libro “Postpublicidad” la cosa va de equilibrio. De ying y de yang.  De on y de off.  A pesar de que últimamente la realidad parezca llevarnos la contraria y podríamos pensar que hay un enaltecimiento del interruptivo y moribundo GRP también ilustrado por el programa -llamémosle programa por llamarle algo- que el incuestionable profesional Manuel Campo Vidal conduce cada jueves a eso de las 23’30 en la Primera. En TVE.

En principio, el programa tenía buena predisposición si tenemos en cuenta las palabras de su director y destacado periodista y sociólogo.

Pero la verdad -según dicen las malas lenguas- es a veces más simple y más agria. El programa de nombre “los anuncios de tu vida” no pasa de ser una especie de divertimento sociológico sobre los cambios en la sociedad española de los últimos 40-50 años y una experiencia inolvidable de la mano de gentes tan esenciales para la publicidad y la enjundia sociológica como el cantante de Fórmula V (Quinta), Elsa Baeza o Alejandra Prat. Y la tensa y distante oratorio de Quequé. Un gran profesional que aquí se desluce y aparece como perdido, con la oratoria fondona y algo así como fuera de temporada.

Vuelven los spots de la mano de quien realmente, en su casa se los cargó a pesar de que según Zenith Media, el 84% de la población tiene en ella su único medio de comunicación. Pero por si acaso, por si las moscas a alguien se le ocurre medir los GRPS de las marcas que quedan vivas, los anuncios aparecen cercenados. Golpeados por la aparición de los aparentemente importantes invitados. Pero ahí están. Dejando claro que sus escasos segundos de vida son talento concentrado. Pura seducción. Curiosamente en la tierra sin anuncios, Nospotland.

Y es entonces cuando pienso si realmente el tema este de los GRPS renacidos no será una especie de último coletazo. De bocanada final. Hay quien dice que no. Que es una muestra, un brote verde de equilibrio y de la futura armonía entre medios y sectores. A mi que me perdonen pero no lo tengo tan claro.

Y menos después que los alemanes me lo hayan explicado tan requetebién eso del futuro de la publicidad que tantas y tantas conversaciones llena al día.

Pues esperemos que por una vez, solo por esta vez,  la realidad no supere a la ficción. O sí. A lo mejor es incluso más interesante de lo que el asunto es ya.  Alea Jacta est.

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