Hazme sentir bien

Se llama Macouta y es de raza negra, muy negra. Y es alta y salvajemente guapa. Pero no es modelo. Es la chica que junto con su compañero de aires eslavos rubio, seco y de un blanco níveo me paró ayer por la calle. Tanto ella como él iban pertrechados por un sinfín de tarjetas de identificación colgando del cuello. El permiso del ayuntamiento, su tarjeta de identificación como extranjeros y su tarjeta de colaboradores de ACNUR.

Ella me alcanzó primero y él se mantuvo a distancia. Yo me disponía a agacharme para abrir el candado de la moto y largarme a toda prisa a casa después de un día para no contárselo a nadie.

Me espetó el consabido “¿tienes un minuto?. Yo le dije que no, que tenía prisa. Ella me dijo serán 30 segundos. Yo volví a negarme mientras pensaba, “caramba con las rebajas”. Y luego en una pirueta extraña me prometió que no serían más de cinco minutos. Accedí -alguien que te pasa de una oferta para que pierdas 30 segundos a otra para que pierdas cinco minutos cuando no tienes ni lo uno ni lo otro, bien merece un pequeño esfuerzo-. Ella metió el turbo. Me contó el trabajo de ACNUR en parte de África y se centró en los niños de Somalia, creo.  Me habló de campos de refugiados, me enseñó fotos y de un sinfín de cosas más. El discurso fluía de sus labios a una velocidad de vértigo. Ella nerviosa, además, no paraba de moverse. La verdad es que sufría con ella. Se sabía el discurso, los datos y los puntos más emocionales pero aquello no transmitía nada. Al final, por todo lo vivido pensé que mejor le daba mis datos y acababa con aquello. No con el sufrimiento en África si no con el de la pobre Macouta que intentaba cumplir con su trabajo y no hacerme perder el tiempo. Total que acabamos de rellenar los impresos, quedamos en que comprobaría sus datos y me llamaría por el tema de la cuenta bancaria. Y de repente, me mira, se relaja y me suelta con una sonrisa amplia.”¿Puedo darte dos besos?” 

-“Psí”…-contesté y nos dimos dos besos o sea, cuatro.

-“Oye”-repliqué- “¿Esto de los besos forma parte del plan de ACNUR? “

-“Nooo…-contesto ella- es que me encanta la gente que aunque no esté convencida por mí, se plantea ayudar a los demás. Y creo que se merecen dos besos”.

Sonreí. Ella sonrió de nuevo, su compañero, el eslavo, también. Nos saludamos todos. Saqué el candado de la moto, la encendí y me fusioné con el tráfico. Pensé: “Es cierto, podemos olvidar lo que nos dicen. Podemos olvidar lo que nos hacen. Pero no podemos olvidar lo que nos hacen sentir”.

Esa chica hizo lo que creo que es la peor venta fría que he visto. Pero acabó con un gesto espontáneo, con un guiño de complicidad, con un tipo diferente de dar gracias. Y me convenció. Soy socio de ACNUR.

La información para alimentar mi convencimiento la saqué de Internet.

Pero la bala (un símil poco afortunado hablando de ACNUR, lo siento) que me alcanzó fue hacerme sentir bien. Y eso marcó el éxito.

Eso y la frescura y desinhibición con que ocurrió todo.

Algo que muchas marcas como Adidas saben transmitir cuando no hablan de fútbol. Aunque repitan conceptualmente y a su manera una idea grande como el Barrio Bonito de su contrincante Nike.

 ( 

O incluso una institución tan hermética y seria como las fuerzas armadas aunque sean de Suecia. Una marca en definitiva que no hace una campaña si no un juego en línea para demostrarle a sus paisanos y al mundo lo que son sus valores y lo difícil que es llevarlos a acabo.
http://team.forsvarsmakten.se/english/

Aunque, claro está, siempre habrá quien como Pantene, logre  tener un mirlo blanco en la palma de la mano y la cierre con fuerza.

A estos igual les iría bien conocer a Macouta y su espontaneidad. Quizás lograrían dejarse de tonterías y ofrecer y ser lo que demandamos de las marcas: que sean espontáneas, frescas y nos hagan sentir bien. Les iría mejor. No hay duda. De momento, por si acaso, me pasaré a Fructis.

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