ERRO ERGO SUM

Escribo este post mientras en las calles de la ciudad suenan y resuenan los vítores, petardos, gritos y vuvuzelas propios de la emoción del partido que la selección acaba de ganar en el Mundial, metiéndose sin pedir permiso hasta la cocina de la final sudafricana del próximo domingo contra Holanda. Toda una metáfora para los apolillados amantes de la España donde nunca se ponía el sol. Ahí es nada. Pero no quiero hablar de fútbol, no. Quiero hablar de algo que he visto en ese partido y que también vi en el Ironbrain que organizó la escuela de creatividad Zink el pasado 22 de junio en Valencia      Bueno, el 22 en Valencia y antes y después en Madrid, Barcelona y Oviedo.

 ¿Que qué es el IronBrain? Una de las pruebas más duras y bien organizada en cuanto a creatividad publicitaria se refiere: 24 horas, 24, donde se encierran en una sala varias duplas de estudiantes de publicidad que reciben de la mano de profesionales en activo un briefing real cada 3 horas.  Todo un reto.

¿Que qué vi? Vi pasión y vi ganas. Emociones que no son ninguna garantía de éxito, claro. Pero sin ellas, el éxito, o no aparece o, si lo hace, sabe a poco o a nada.

No sé por qué vi tanta energía acumulada. Quizás es porque llegué a entregar el briefing a las 23 horas cuando los chicos llevaban ya 13 horas dándole vueltas al cerebro o quizás porque llegué cuando faltaban 11 horas más para conseguir algo mejor a lo anterior.

 El caso es que percibí un ambiente diferente. Actitudes desafiantes. Risas, desparpajo y unas cuantas barreras derribadas. Muy poco miedo al fracaso, la verdad. Vi que todo era posible. Y hoy, después de dar mi veredicto sobre los trabajos de esos nuevos aspirantes a creativos profesionales y después de ver a nuestro millonarios favoritos -jovenzuelos todos ellos- situarnos  a las puertas del título mundial con la misma mirada, desparpajo y arrogancia que me salpicó en Valencia el 22 de junio, he pensado que si algo nos empuja al éxito a la excelencia y a conquistar nuevos terrenos jamás soñados, eso es la falta de miedo a equivocarse. Hoy Pedro ha fallado un gol cuando intentaba una jugada personal diferente y arriesgada. No salio bien. Bueno, ¿Y qué? Nada se consigue si no te equivocas. Y sobre todo si no tienes miedo a equivocarte. Equivocarse, hacerlo mal, fallar…palabras que no casan bien en nuestra cultura y nuestra profesión basadas en el éxito pero que creo que son indispensables para llegar a algún lugar. El que sea. Pero que sea interesante. Y no estoy solo en este pensamiento. Mi acompañan dos figuras. Una ya desaparecida hace pocos días: José María Ricarte

Mi primer profesor de creatividad publicitaria. Una creatividad muy teórica, aburrida en ocasiones y cargada de anacronismos. Todo en paisaje. Pero con un gran lección que fue la más acertada y la que más resonó en mis neuronas durante muchos años: “sea lo que sea inténtalo. Y si sale mal vuelve a intentarlo”. Así era José María. Un visionario. Lástima que ya no esté entre nosotros.

Y la segunda figura es Ken Robinson. Perdón, Sir Ken Robinson. Experto en innovación, desarrollo y recursos humanos. Un crack al que escuché en un video en youtube que no tiene desperdicio ni comentario.

Equivocarse. Fallar. Hacerlo mal. Toda una lección que deberíamos repetirnos cada mañana delante del espejo: “Hoy voy a equivocarme ¿Y qué? Hoy voy a cagarla ¿Y qué? “

Realmente deberíamos hacer realidad el sueño de un creativo y gran amigo que de momento lleva diez años dando la vuelta al mundo en furgoneta. Se llama Pablo Rey.  el sugería algo muy simple y realmente efectivo; que en las tarjetas de todos nosotros debería figurar el nombre, el cargo y la palabra cobarde: “Perico de los Palotes. Director de comunicación y cobarde”. Y que nunca te borraran ese “cobarde” de la tarjeta hasta que no tomaras una decisión arriesgada. Y eso servía por igual para todos: creativos, planners, ejecutivos o clientes. Lo dicho Erro ergo sum.

Gran idea, sí señor.

 
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