ARRIBAR Y BESAR EL SANTO

Se llama Ángel, frisa los 60  y es algo así como el mensajero del buen rollo en la ciudad del Túria. No es que Ángel sea un gurú de nada, ni un rico con ínfulas solidarias, no. Ángel es propietario de un restaurante en la dársena de Valencia. Allí por el edificio Veles e Vents, hacia el fondo según se mira al mar abierto, para más señas. Un restaurante cuya concesión, alquiler e IVA por metros de barra le cuesta una pasta gansa al día, al mes y al año. Arribar, se llama el sitio. Y, ciertamente, uno tiene la sensación de haber arribado a una muy buena isla del buen yantar. Los arroces melosos y secos del lugar, (por citar un ejemplo) se citan entre los mejores de la costa urbana de Valencia. Sin tanto nombre como los que se cuecen en el paseo Neptuno a un centenar de metros de allí, claro, pero sin nada (al contrario) que envidiarles. A pesar de todo, de la pasta que cuesta, de la crisis y de lo poco que se prodigan los lugareños en el lugar por razones que no llego a comprender, salvo la falta de tradición, Arribar está a rebosar cada fin de semana. ¿La razón? Ángel canta. Sí, Ángel, ese sexagenario representante de las buenas vibraciones se marca unos pasos y unos gorgoritos con temas de Frank Sinatra desde más o menos las cuatro de la tarde hasta las cuatro y media. Y no lo hace mal el tipo. Es algo así como la mezcla perfecta entre el poderío vocal de Francisco, la altura de Alfredo Landa y el acento anglosajón del Príncipe Gitano. Es como un flashback a alguna parte de nuestro pasado pero sin saber muy bien a qué parte de ese pasado.


Cuando Ángel actúa, no solo los comensales no se levantan si no que llegan de nuevos. Dispuestos a degustar una paella en una terraza, al filo de las cinco de la tarde, de un domingo de febrero. Ahí es nada.

Ángel, suelta algún chiste y se entrega al respetable. Se entrega tanto que a lo largo del paseo que flanquea el restaurante se agolpan los mirones que además aprovechan para pedir el segundo café o la primera copa de la tarde. Ángel es un propietario aficionado al Karaoke que ha decidido transmitir su buena onda en dos o tres actuaciones a la semana. Cortas, muy cortas, pero lo suficientemente largas como para  conseguir dos cosas: alegrarnos la tarde y ganar una pasta (él, claro).

Una idea sencilla, poco elaborada y algo anacrónica que funciona como un tiro. Ya quisieran algunas de nuestras ideas disponer del ROI de la de Ángel. Y es que los tiempos que corren son proclives a este tipo de iniciativas. Directas, sencillas, sin pretensiones, divertidas, fáciles de expandir, con algo de suspense y llenas de optimismo. El viral perfecto. Solo de esta manera se entiende lo que le ocurre a  otro individuo, Emilio Duró.

Un ex alto directivo que aparcó la aleta de tiburón por el estrado de las conferencias hablando precisamente del buen rollo de las cosas sencillas y del mal rollo del estrés y el trabajo a destajo en las empresas. De la importancia de ser optimista y darse al amor, a la amistad y a las emociones como Dave Draper se da a la botella de Whisky. Y funciona. A nosotros nos hace bien oírle y reflexionar sobre lo que nos dice y a él le hace bien al bolsillo la guita que se levanta por cada charla. Toda una simbiosis. Y más ahora que ha salido en Buenafuente, algo así como el sello de calidad de los productos intelectuales de este país.

Duró, como Ángel, no tienen un producto elaborado, más bien lo contrario. Pero son directos, sinceros y se lo creen, que es más que ser creíble. Muchísimo más. Igual que las expresiones naïf de Bisbal sobre las pirámides en plena revolución egipcia. Fáciles pero conectan. Te hacen reír. Te hacen sentir bien y te las crees. Toda una lección para los buscadores de ideas de la publicidad que ante ciertos retos echan mano del discurso grandilocuente y la idea intelectualoide olvidando que a las personas se nos olvida siempre lo que nos dicen, sea bueno o malo; pero recordamos siempre lo que nos hacen sentir. Sin duda, vivimos una época emocionante. ¿O mejor debería decir emocional?

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...