Narrative Science y el pollo de Gallina Blanca.

Hace un par de semanas, una soporífera mañana de domingo -23 de octubre para ser un poco más exactos- me sorprendió lo que leí en un artículo de Quim Monzó publicado en el dominical el Magazine que se distribuye con diferentes periódicos nacionales entre ellos La Vanguardia de Barcelona o el Levante EMV de Valencia. El artículo de opinión se encabezaba con la frase  “Vayámonos preparando”. Y realmente viendo lo que allí se expone no podía ser un titular más sugerente sobre todo en lo que se refiere a nuestra profesión publicitaria. Por si alguien no tiene tiempo de leer el artículo que aquí se enlaza, solo decir que hace referencia a un reportaje  que The New York Times publicó el 10 de septiembre de 2011 sobre un software titulado Narrative Science (software que ya tuvo su reportaje en Business Week un año antes) que se define así mismo como “We turn data into stories” -algo así como “Convertimos los datos en historias”-  y que, exactamente, eso es lo que hace: escribir él solito crónicas periodísticas, titulares, resúmenes y artículos de calidad más que aceptable después de que se le introduzcan ciertos parámetros. Ahí es nada. Por ejemplo, uno está viendo un Barça-Madrid, por poner un ejemplo y a cinco minutos del final introduce ciertos datos: asistencias, tarjetas, penalties, tiros a puerta, máximo goleador, etc…incluso ciertos conceptos cliché como: esfuerzo personal, mejor de la temporada, racha del jugador, esfuerzo de equipo…A partir de esto, el software hace sus deducciones y genera sus puntos de vista a partir de datos que ya existían como resultados de otros partidos o la lógica de la narración impresa en su programa informático. Y con esto elabora una artículo digno de un profesional con cierta (no mucha pero suficiente) experiencia. Los entendidos (y no entendidos) dicen que el resultado es asombrosamente creíble. Tanto, que algunos medios de comunicación estadounidenses ya lo usan. ¿Sorprendente? Quizás, pero no tanto. Los software de conversación ya hace tiempo que existen. Me refiero a los software que responden emails o tweets y que mantienen conversaciones aceptablemente lógicas con consumidores humanos. Los también conocidos como BOTS (abreviatura de Robot, claro). Y es de esperar que el uso de estos se prodigue por doquier en los próximos años (por no escribir meses). ¿Se imaginan lo que uno de estos programas informáticos puede hacer por la maltrecha economía de los media? La de sueldos que se ahorrarán teniendo en cuenta la calidad de más del 70% de los contenidos publicados? Pero este no es el punto de este post. El punto es: ¿Y en publicidad? ¿Podrá adaptarse este programa a las necesidades de las agencias? Si tenemos en cuenta lo que corre por los media la sensación que tengo es que hace tiempo que el sofware de marras funciona en nuestra profesión, pero por fin ha saltado la liebre, o en este caso, el pollo. Y a las pruebas me remito. ¿A alguien se le ha pasado por alto el último spot de la Sopa de Pollo Gallina blanca?

Uno puede creer que es fruto de una mala noche, del estrés o de las exigencias y desvaríos febriles del cliente. Pero está claro que no. Se trata de una acción del Software Narrative Science. Los parámetros publicitarios debían ser que los niños y los animales venden. Que si no sabes que decir lo digas con una canción. Que si se hacen jingles sobre la base de una canción conocida se aumenta el recuerdo y que (si tenemos en cuenta los caminos creativos de Luis Bassat) cualquier escena que se alimente de una “conocida” escena de película de cine, tiene
como mínimo una parte de la atención del consumidor ganada.

Todos estos clichés bien amasados y ampliados con algunos totems y mitos propios de la profesión como unos conocidos premios de Cannes hacen el resto.

Lo dicho, puro Narrative Science. O esto o estamos peor de lo que nos cuentan en Wall Street y eso es estar muy mal. A pesar de todo, hay quien piensa que se trata de una estratagema diseñada exprofeso para crear opinión y que se hable del anuncio en las redes sociales. Aunque solo hay que pasearse por twitter para ver que el tiro les ha salido por la culata. ¿O es que alguien que hace sopa quiera que hablen mal de él? Bueno…bien pensado, viendo a lo que sabe el “sabor mejorado” a lo mejor sí…

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